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martes, 25 de septiembre de 2012
Consejos Para PADRESH. Uso de la Tecnología en los HIJOS
Es usual que culpemos a la televisión de muchos de los males que aquejan a nuestra sociedad. Que la crisis de la familia es porque hay muchos televisores en casa; que los jóvenes viven alejados de la realidad, abusando del alcohol y las drogas por los modelos televisivos que les presentan; que la sociedad va por mal camino, casi a la autodestrucción, por lo que “la cajita mágica” le muestra a diario. Si bien estoy exagerando, es claro que los actuales contenidos televisivos que nos presentan, especialmente los dos canales privados del país, se centran en contenidos poco innovadores, respetuosos por las audiencias, basados en historias en donde prima el morbo, la violencia, los antivalores y la creación de antihéroes.
Pero no podemos únicamente centrarnos en la televisión. Hoy día debemos hablar de múltiples pantallas, hermanas de la televisión por su forma y funcionamiento, en donde muchos de los contenidos televisivos se ven replicados. Hasta hace poco hablábamos de la TV, la radio, la prensa escrita pero hoy encontramos muchos dispositivos, fuertemente vinculados a la Internet, llevando a la interactividad, a la creación del prosumer (consumidor y productor de contenidos), a la desaparición de las franjas horarios, a la infoxicaxión y a la permanente interactividad entre usuarios.
Cuando en casa hay niños, el asunto toma otras dimensiones. Nuestros niños son nativos digitales, que llegaron con el chip de la tecnología y para quienes resulta más atractivo un Ipad o un videojuego que una guitarra o una bicicleta. ¿Cómo controlar el consumo mediático de una generación la cual se encuentra en un entorno en donde Internet, los smartphones, los videojuegos y demás hacen parte de su hábitat cotidiano, llevándolos a convertirse en una generación multipantalla?
Una posible respuesta es hacer pedagogía, enseñar y crear hábitos de uso y consumo de esas pantallas. Y los llamados a hacerlo son los padres de familia. Sin embargo surge la eterna pregunta de cómo hacerlo.
SergeTisseron, Psiquiatra Infantil, Psicoanalista y Doctor en Psicología, nacido en Francia, director de Investigaciones de la Universidad París OuestNanterre, plantea una manera de hacerlo. Investigador sobre las relaciones que mantenemos con las imágenes, con las redes sociales y la influencia psíquica en los bebés, en los niños y en los adolescentes, el Dr. Tisseron propuso la “Regla 3-6-9-12”, una guía para los padres de familia sobre las edades adecuadas para el uso de cada una de las tecnologías, que ha sido divulgada por la Asociación Francesa de Pediatría Ambulatoria (AFPA). Las cinco reglas son:
1) Evitar las pantallas antes de los 3 años. Numerosos trabajos ponen de manifiesto que el niño menor de 3 años no gana nada al exponerlo con frecuencia a las pantallas.
2) No utilizar consolas de juegos portátiles antes de los 6 años. Tan pronto como los videojuegos se introducen en la vida del niño acaparan toda su atención en detrimento de otras actividades como el juego, las actividades al aire libre, la interrelación con otros niños.
3) Nada de Internet antes de los 9 años y cuando puede ingresar debe hacerlo acompañado de un maestro o de los padres, quienes deben explicarles las tres reglas básicas del uso de Internet: todo lo que se publica allí es público; todo lo que se sube a Internet quedará allí eternamente, y no todo lo que se encuentra allí es de fiar.
4) Internet sólo a partir de los 12 años. Su utilización debe ser con prudencia, los padres deben acompañarlo y definir reglas de uso, horarios y utilizar controles de contenidos ofrecidos por los proveedores del servicio.
Si bien pueden existir objeciones a algunas de las normas, la Regla 3-6-9-12 es un buen punto de partida, pero no es suficiente. Es importante, además, controlar el tiempo que están frente a las pantallas a toda edad, verificar los contenidos que nuestros niños ven, escuchan, navega, etc.
Las reglas y fórmulas pueden existir, pero es nuestro deber como padres velar porque nuestros hijos cuenten con el acompañamiento de quienes tenemos la responsabilidad primaria de formarlos y educarlos.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Cineforum SAna Tu VIDA
MÉRIDA, Yuc.- En el marco del Día Internacional de Prevención al Suicidio, que se conmemoró el pasado 10 de septiembre, la asociación Salvemos una Vida realizó el Cine Foro "Sana tu vida".
La presidenta de dicha organización, Alis García, explicó que con la proyección cinematográfica se brindan herramientas de autoayuda, con la intención de que las personas con conflictos las aprehendan y las apliquen en su vida.
"Si entendemos que todo lo que hacemos construye nuestra vida, nos inclinaremos a un cambio positivo, haremos actividades agradables, porque tenemos una fuente inagotable de amor dentro de nosotros, ésta nos la da el señor en abundancia para que la multipliquemos", puntualizó.
En contexto, Estrella Rodríguez fue la coordinadora del Cine Foro, es integrante de Salvemos una vida y psicoterapeuta e instructora certificada en "Sana tu vida", basada en la filosofía de Louise Hay.
La especialista señaló que la disciplina de la pensadora estadunidense se basa en amarse a uno mismo y elevar la autoestima con frases básicas reiterativas, que muchas veces se le olvidan a los seres humanos y que les impiden cumplir sus sueños.
De esta manera, dijo, en la película se revela la fórmula para transformar los pensamientos en realidad, así como vivir la esencia del amor para crear armonía interior.
Por su parte, Esperanza Nieto, otra de las integrantes del programa radiofónico, recordó que en el Centro de Atención Integral tratan a personas que han intentado suicidarse, con talleres gratuitos, así como atención y apoyo psicológico.
"Estamos ubicados en la calle 56 entre 49 y 51 del centro", concluyó.
lunes, 27 de agosto de 2012
La RISA, terapia que UNE a la FAMILIA
Si es cierto que los niños necesitan autoridad y disciplina, tampoco debe olvidarse que precisan de un ambiente familiar donde existan momentos y espacios para la risa, el humor y la diversión. Puede que como padres estemos tan centrados en ayudarles a portarse correctamente y a adquirir buenos hábitos, que se nos olvida que bromear y reír son terapias que acercan a la familia y crean un ambiente alegre.
Los niños se encuentran en el período sensitivo para hacer del buen humor una forma de ser, una postura ante la vida. Fomentárselo les ayudará a contar con recursos para superar problemas y disgustos.
Para todo padre es satisfactorio saber que sus hijos mayores recuerdan su infancia como una época feliz, unos años en que la risa ocupaba una buena parte de las tertulias familiares. Por esto, la actitud con que los padres asumen la vida y la educación de los hijos, es decisiva en el ambiente alegre que se cree al seno del hogar.
Hogares poco risueños
Los hijos necesitan un ambiente en el que habitualmente se esté de buen humor. Y, cuando no es así, ese hogar va cayendo poco a poco en un sopor parecido a la tristeza, que nunca es productiva ni libera de los problemas.
Es preciso pensar si hacemos parte de aquellos padres que llegan cansados de trabajar y a quienes lo único que les apetece es ver la televisión, leer el periódico o jugar con el computador, cancelando a los hijos de su momento de ocio.
O los padres que piensan que jugar y reír no es cosa de adultos o personas serias. O los padres buenos, tranquilos, nada gruñones... pero que habitualmente no suelen sonreír.
Haga de la sonrisa un hábito
Estar de buen humor no cuesta tanto y además es mucho más gratificante. Hay que esforzarse por sonreír, aunque a veces se haga difícil. Así acabará por enraizarse en el carácter un sólido sentido del humor.
Los padres enseñan a reír a sus bebés al hacerles caricias, cosquillas, masajes y gestos graciosos... Sin embargo a medida que van creciendo, estas acciones van desapareciendo y en ocasiones se olvida el buen humor que existió al principio. Pero hay que recordar que los padres son los mismos y los chicos también, y quizá les sigue haciendo gracia esa mueca especial (cada uno tiene la suya) o alguna payasada imprevista.
Es momento de reírse en familia con más frecuencia y con las más simples "tonterías": ante las preguntas impertinentes o ingenuas de los pequeños, ante el desastroso resultado de un pastel casero preparado por ellos… Ver a sus padres riendo habitualmente -y serios y preocupados cuando haga falta, aunque sin perder la serenidad- ayudará a los hijos a adquirir las bases de una personalidad segura. Como padre es un error pensar que si se muestra gracioso le restará autoridad ante los hijos.
Para tener en cuenta
Siempre hay "momentos tontos" a lo largo del día (viajes, colas en la tienda) que se pueden aprovechar para hacer reír a los hijos, recordando anécdotas divertidas, contando algún chiste, diciendo alguna frase ocurrente...
Sorprenda a sus hijos con "locuras": por ejemplo actuando como Romeo y Julieta con su cónyuge, o haciendo voces raras imitando a ciertos personajes o con alguna broma en la cena.
No hace falta gastar dinero para divertirse; es cuestión de creatividad e iniciativa.
El humor y el optimismo son factores formidables para avivar la inteligencia. Proponga a sus hijos que organicen ellos una salida familiar, o una tarde especial... pero esté también dispuesto a hacerlo todo con sonrisa y buen humor.
Puede ocurrir que los chistes que cuenten los hijos no le hagan gracia. Sin embargo escúchelos y ríase para que poco a poco vayan aprendiendo a soltarse.
Hay que enseñarles a disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas presentes en la vida. Hacer de un simple paseo dominical toda una aventura, disfrutar de la conversación o de una cena... Para todo ello hay que pasarlo bien en familia.
También hay que dejarles claro que la vida no es sólo reírse a todas horas; hay situaciones (visitas, momentos de descanso) en las que hay que saber comportarse, lo mismo que hay conversaciones serias (por ejemplo, sobre los estudios).
martes, 21 de agosto de 2012
Enseñar a los niños el optimismo y la alegría
Algunos chicos a pesar de su prematura edad, han perdido lo más bello que tiene la niñez y la juventud: la alegría. Tal vez las condiciones del ambiente han ayudado a que esto suceda, pero hay que prender las alarmas ante el aburrimiento y las caras largas de algunos de ellos, a pesar de tener todo para ser feliz.
La felicidad es un aprendizaje como cualquier otro. Puesto que en gran medida, la felicidad depende de la propia actitud y voluntad para alcanzarla y no como se suele pensar que la felicidad está sujeta a factores externos. De ahí el llamado a educar a los hijos en ambientes positivos y alegres, teniendo en cuenta que son como esponjas que absorben el clima emocional que les rodea.
La familia como escuela de la felicidad
La familia es el espacio por excelencia donde se cultivan los valores y se forja la personalidad, siendo determinante para el desarrollo humano. Es en este contexto donde las personas aprenden cómo es la vida y con ello las actitudes ante ésta, siendo el optimismo el mejor camino.
“Los chicos absorben como esponjas el clima emocional que pueda expresarse en el hogar. Si les mostramos con el ejemplo que alimentamos las emociones positivas, a medida que se vayan desarrollando, crecerán fortaleciéndose y dejando de ser propensos a experimentar emociones negativas, y serán ellos generadores de climas emocionales positivos y optimistas”. Asegura en sus columnas María Laura Cortés, psicóloga y coach argentina.
Los expertos dicen que la enseñanza de la alegría parte de los valores como el perdón, la solidaridad, la confianza, la construcción de relaciones empáticas y el amor. Igualmente resaltan la importancia de transmitirles a los hijos el valor de los sueños y la capacidad de sacar provecho de las situaciones difíciles.
Estrategias para educar en positivo
Las siguientes son recomendaciones a tener en cuenta en la educación de los hijos, siendo una labor constante y permanente para logre tener la incidencia necesaria en el proceso educativo:
Enseñarles a los hijos a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, de las situaciones sencillas pero enriquecedoras, de los regalos que nos da la naturaleza… Hay que volcar la mirada hacia el tablero blanco sin detenerse en el minúsculo punto negro.
Invitar a los hijos a que valoren la vida con sus días de color y sus días grises, poniendo una actitud positiva y sacando provecho de las situaciones difíciles.
Enfatizar en realizar adecuadamente los procesos, más allá de los resultados obtenidos. Hacerle mayor énfasis al esfuerzo y la perseverancia.
La gratitud es una de las vías que conducen a la felicidad. Es importante enseñarles a los hijos a agradecer todo lo que reciben y que por momentos se les hacen invisibles: los alimentos, la familia, los amigos, la posibilidad de estudiar, de compartir con otros, de aprender, de respirar… Para fomentar este valor, se aconseja que los hijos observen las experiencias de personas con menores posibilidades que las suyas y aún así son alegres con la vida que tienen.
La autoestima es otro elemento determinante para ser feliz. Educar a los hijos bajo el amor, la autoridad asertiva, la seguridad en ellos mismos y la auto aceptación, serán primordiales en esta misión.
Brindarles las herramientas para que sepan afrontar sus propios retos, dejando que sean ellos los que resuelvan a la medida de sus posibilidades; cada edad tiene sus desafíos. Del mismo modo hay que dejar que se equivoquen y que desarrollen la capacidad para tolerar sus frustraciones.
Proveer un ambiente alegre, optimista, en el que diariamente haya espacio para el juego, las risas y el humor; es tan beneficio para los adultos como para los chicos.
El sentirse amado es otra de las fuentes de la felicidad. Los padres deben expresar el amor a sus hijos a través de gestos cariñosos como abrazos, besos, caricias… tanto a las hijas como a los hijos varones.
Está claro que para lograr que los hijos sean alegres y optimistas, los padres deben poner toda su voluntad para lograrlo, y cuanto más temprano comience esta labor mucho mejor. Igualmente no se debe bajar la guardia a medida que los hijos crecen; la adolescencia a pesar de ser una etapa con altibajos, es cuando los hijos más necesitan de un ambiente positivo, comprensivo y alegre.
viernes, 17 de agosto de 2012
MAS DEPORTE y menos videoJUEGOS
El sedentarismo que predomina en los niños y jóvenes de esta época, es hoy un tema de preocupación. Los expertos advierten de los peligros de un estilo de vida en el que la actividad física ha sido desplazada por los videojuegos y demás “gadgets” tecnológicos.
Un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud señala que casi un tercio de los niños del mundo son sedentarios. Esto se debe en gran parte, a que cada vez los niños y adolescentes dedican más horas a las pantallas (tabletas, computadoras, móviles, televisión, consolas…) y menos a las actividades donde está de por medio el ejercicio físico. Por desgracia, este fenómeno está contribuyendo al aumento de la obesidad y a la aparición de enfermedades como diabetes y estrés a tempranas edades.
Beneficios del deporte
El ejercicio es fundamental en los niños y más aún en los adolescentes. En la infancia la actividad física permite fortalecer los músculos y huesos, beneficia el crecimiento, controla el peso, disminuye el riesgo de padecer diabetes, libera energía lo que ayuda a mejorar la concentración en los estudios y también favorece la calidad del sueño.
El Dr. Milton Mazza, médico especialista en actividad física, explica en un artículo publicado por la revista Diabetes al Día que “los estudiantes sanos y físicamente activos son más propensos a estar más motivados académicamente, ser atentos y exitosos. Igualmente, la competencia física desarrolla la autoestima a cualquier edad.”
En la adolescencia, el deporte juega un papel prioritario, puesto que en este periodo de ajuste hormonal, el ejercicio resulta ser un liberador de la ansiedad y energía. Además el deporte promueve un estilo de vida sano y por eso mismo previene que los jóvenes caigan en adicciones.
Más allá de los tantos beneficios para la salud física y mental, el deporte también brinda lecciones para la vida como por ejemplo aprender a ganar, a perder y a trabajar en equipo; refuerza valores como la solidaridad, la disciplina, el esfuerzo, la persistencia para lograr las metas, entre otros.
La personalidad y el ejercicio
Según explica el Dr. Mazza es importante que los padres entiendan las preferencias deportivas de sus hijos de acuerdo a su personalidad; “las características de la personalidad, la genética y la habilidad atlética se combinan e influyen en la actitud de un niño con respecto a su participación en deportes y en otras actividades físicas, particularmente a medida que se hacen mayores”. El especialista describe tres tipos de personalidad y su relación con el deporte:
El que no es deportista. Este tipo de niño puede que no tenga habilidad atlética o el interés necesario, o ambos.
El deportista promedio. Este tipo de niño está interesado en el deporte pero no es una estrella en el deporte y corre el riesgo de sentirse inferior en un ambiente atlético competitivo.
El atleta. Este tipo de niño tiene la habilidad atlética, está comprometido con un deporte o una actividad y probablemente invierta tiempo en practicar y en ser competitivo.
Si el padre comprende el concepto de los tipos de temperamento y forma física, será más fácil ayudarle al hijo a que encuentre las actividades adecuadas y además se sienta a gusto con ellas. “Un niño atleta, por ejemplo, querrá ser parte del equipo de fútbol mientras que el deportista promedio querrá solamente jugar con la pelota en el jardín o en el garaje de su casa. El niño que no es atleta probablemente necesite la ayuda y la motivación de los padres para hacer ejercicio o deporte. Esa es la razón por la que es importante motivar y dar el ejemplo a los niños a que permanezcan activos aunque no sean los mejores en un deporte determinado.” Puntualiza el Dr. Mazza.
Independiente de la personalidad del hijo, hay que aclarar que todos los niños deben ser físicamente activos. De la actitud de los padres depende en gran parte que los niños y jóvenes desarrollen el gusto por el deporte.
¿Qué tanto los motivas?
Si en la familia no se promueven hábitos de vida sana, será muy difícil que los hijos lo aprendan por fuera de este entorno. De ahí la necesidad de animarles desde pequeños a realizar actividad física, proveerles los medios para que dediquen tiempo diario al ejercicio, mostrar una actitud positiva, darles ejemplo y presentar el ejercicio como una opción divertida para tener una mente sana en cuerpo sano. Igualmente habrá que controlar el tiempo que los hijos dedican a los pasatiempos electrónicos.
4 reglas de ORO para EDUCAR a los Hijos en Sexualidad
Educar a los hijos en aspectos relativos a la afectividad y sexualidad no debe constituir una carga pesada y difícil; más bien debe ser una ocasión para disfrutar la vida familiar y enriquecer la vida cotidiana. Los padres de familia son los primeros y principales educadores de sus hijos, también en estos temas. Los expertos hablan de cuatro criterios claves que hay que manejar en cuestión de educación sexual.
Primera regla: Llegar a tiempo
En este aspecto es mejor no engañarse: nuestros niños saben mucho más de lo que creemos, por eso es mejor hablar “una hora antes” que “cinco minutos tarde”. Ahora los niños desde tempranas edades manejan toda clase de temas, gran parte se debe a la facilidad que hay para acceder a la información a través de las nuevas tecnologías. Este hecho ha llevado a que los niños y adolescentes investiguen por ellos mismos, hallando la mayoría de las veces una información distorsionada acerca de lo que realmente es la afectividad y la sexualidad.
Así que la primera fase de la comunicación con los hijos, debe ser dedicada a escuchar lo que piensan y dicen, o a interpretar sus silencios ante ciertas situaciones. A través de la escucha, se podrá formular las respuestas que los hijos quieren saber. Por eso la necesidad de crear relaciones cercanas con los hijos, de forma que sean los padres los primeros en enterarse de lo que les sucede, así sean cuestiones triviales; después serán unas más serias. Si ante estas primeras inquietudes, los niños encuentran acogida por parte de sus padres, entonces los hijos confiarán en esta fuente para futuras inquietudes sobre sexualidad.
Del mismo modo, los especialistas insisten en que no se trata de dar una sola charla sobre sexualidad, sino que se debe hablar frecuentemente sobre ello: “Los hijos viven en un entrono que les comunica continuamente mensajes contradictorios sobre la sexualidad humana; con frecuencia contrarios a los valores que usted desearía transmitirles. Por eso, es importante que les comunique sus valores con un lenguaje lo más cercano posible. La evasión de temas provocará una curiosidad exagerada en sus hijos, llevándoles a buscar las respuestas en fuentes que podrían ser perjudiciales.” Explican los expertos a cargo del proyecto de Educación de la afectividad y de la sexualidad humana desarrollado por la Universidad de Navarra y creadores del sitio Educarhoy.com.
Segunda regla: Hablar con claridad
Se debe dar una información clara, es decir, llamar a las cosas por su nombre pero con respeto. Alfonso Aguiló, reconocido autor de educación familiar dice: “No es recomendable recurrir a la fábula –hablar de cigüeñas, de que los niños vienen de París, o historias semejantes– para escapar de las dificultades que lleva consigo la educación sexual. La naturaleza humana aspira a la verdad y el niño o la niña, por pequeños que sean, tienen derecho a ella.”
Se ha notado que los padres sienten demasiado temor de afrontar este tipo de temas y por ese mismo temor, suelen enredar sus explicaciones al punto que los niños quedan más confundidos que antes de la charla. Por lo tanto, en este aspecto es fundamental que los padres se preparen y lean sobre el tema, hablen con otros padres de sus experiencias y tengan una consulta con los sicólogos del colegio. Lo importante es valerse de fuentes confiables y bien orientadas.
Tercera regla: Brindar la información de forma gradual
No se explicarán los mismos temas ni los mismos detalles a un niño de 6 años que a un adolescente de 14. La información deberá ir nutriéndose a medida que los hijos van creciendo y van reclamando mayor interés. En cuanto a los más pequeños, es recomendable preguntarles qué quieren saber y a partir de ahí darles una explicación básica sin mayores detalles, esto con el objetivo que lo pueda entender y queden tranquilos porque se les ha brindado la información que ellos solicitaban.
Cuarta regla: Abarcar todos los aspectos, no sólo los físicos
La educación afectiva y sexual debe abarcar la totalidad del ser humano, no sólo los aspectos físicos: “Se trata de preparar a los jóvenes para el amor. Aunque le hagan una pregunta sencilla, es preciso contestar de manera integrada. Hable del `cómo´, pero también del `porqué´ de la sexualidad.
(…) La sexualidad tiene que ver con nuestra autoestima y felicidad. Somos seres sexuados masculinos o femeninos destinados a amar. La sexualidad sana tiene que ver con nuestro crecimiento y maduración personal armoniosa.” Añaden los expertos de Educarhoy.com.
Una adecuada educación afectiva-sexual puede marcar la diferencia en la vida de una persona, por eso es una responsabilidad exclusiva de los padres. Por último, no se nos ha de olvidar la regla básica de la educación, instruir con el ejemplo; ser coherente con la idea de la sexualidad que se les transmite a los hijos y vivirla en concordancia.
Que el trabajo no destruya a la Familia
El trabajo dignifica al ser humano y es el medio para proveerle el bienestar material a la familia. Pero no siempre resulta fácil para el hombre y la mujer lograr este equilibrio trabajo-familia, teniendo en cuenta las exigencias del mundo empresarial que hoy rigen.
Las siguientes recomendaciones pretenden servir de reflexión y hacer un alto en el camino para pensar en el negocio más importante de la vida: la familia.
Ser eficientes durante las horas laborales: Durante la jornada ordinaria se debe poner toda la concentración y empeño, de modo que estas horas sean lo más productivas posibles y así poder culminar a la hora indicada para irse a casa. Para lograr este propósito es importante eliminar los llamados “ladrones del tiempo” como son: la falta de delegación, las reuniones largas y mal preparadas, la impuntualidad, la poca organización de las actividades, las conversaciones inoficiosas, entre otros.
Establecer límites y prioridades: La familia es el cliente más importante, por lo tanto debe tener su lugar en la agenda con carácter prioritario y sin opción de ser desplazados por asuntos del trabajo. Para velar porque este compromiso sea inamovible, se sugiere establecer citas con fecha y hora, como si se tratara de cualquier compromiso profesional. Esto implica además aprender a defender este espacio, muchas veces habrá que decir “no” a eventos o invitaciones que no son determinantes para la vida profesional y al contrario, sí son de gran provecho en el hogar.
No llevar trabajo para la casa: Sólo en circunstancias extremas que así lo requieran, los expertos recomiendan no llevar trabajo para la casa. Hay que aprender a culminar las tareas laborales para poder disfrutar de la familia, sobretodo en esta era de las comunicaciones hay que “desconectarse”: apagar los móviles, no mirar el correo, apartarse de la computadora... En ocasiones esto se convierte en hábito y poco a poco se va deteriorando el espacio familiar.
Compartir los triunfos y las dificultades: No es justo llegar al hogar malhumorado, a causa de las dificultades del trabajo. La pareja es un apoyo y la persona más indicada para escuchar y tal vez brindar un consejo cuando se presentan estas situaciones, pero siempre bajo los términos de respeto, confianza y amor.
Confesarle al esposo(a) que se tienen líos laborales -grandes o pequeños, pero que igualmente le quitan el sueño- permitirá que fluya la comprensión y la empatía en la pareja, evitando así muchos conflictos. Hay que tener en cuenta que ante un comportamiento agresivo o retraído sin explicaciones, la imaginación no tarda en comenzar a volar…
Estar en casa; con cuerpo y alma: Algunos padres caen en el error de llegar a casa a ver televisión o a sumergirse en las profundidades de la web. Cuando se está en casa, se debe dedicar tiempo de calidad tanto al cónyuge como a los hijos. La cena por ejemplo, es un momento especial para sentarse todos juntos en la mesa y comentar las experiencias que cada uno vivió en el día, o si no es esta ocasión, debe existir otro espacio que permita el diálogo y esparcimiento en familia -realizar actividades deportivas, ir al parque, dar un paseo, etc.- en fin, cada grupo familiar define qué va mejor de acuerdo a su estilo; lo importante es evitar que todos lleguen a casa a encerrarse en sus habitaciones. Ojo: hay que luchar por ser una familia “unida” y no una familia “junta”.
Tiempo a solas con el cónyuge: no es sólo un consejo, es el fruto de investigaciones que demuestran que una cita semanal con el esposo(a) sin hijos y sin distracciones, une a la pareja y la fortalece, lo que se traslada en beneficio para los hijos.
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